Estas lesiones que pese a su nombre no tienen nada que ver con la grasa aparecen a partir de al cuarta década de la vida y son tumoraciones benignas muy frecuentes; casi todas las personas pueden tener alguna.
Son lesiones epidérmicas, de aspecto tumoral, más o menos sobreelevadas de diferentes colores desde el de la piel normal, pardo grisáceas, hasta prácticamente negras. Pueden ser escasas o presentarse de forma abundante, aumentando con la edad de la persona, pero su presencia exagerada posiblemente represente una condición genética, pues hay familias que presentan múltiples lesiones en todos sus miembros.
También el hecho de exposiciones solares repetidas puede acentuar la aparición de estas lesiones aunque también aparecen; pero en menos cantidad en zonas no expuestas al sol.
Volviendo a lo importante son tumores epidérmicos benignos. La exploración por parte del dermatólogo especialista podrá fácilmente descubrir algunas lesiones que aunque parecidas clínicamente pueden ser de otro tipo y presentar alguna malignidad.
Su principal problema es estético especialmente con la edad que permite que las lesiones crezcan de tamaño y presenten el aspecto más verrucoso y por lo tanto a veces desagradable.
Su eliminación por un dermatólogo experto y dado que son tumores puramente epidérmicos es sencilla y prácticamente no quedará cicatriz alguna, a veces ligeros cambios de color de la piel. Además los sistemas modernos permiten eliminar varias lesiones en una sola sesión.